La revolución francesa es uno de los acontecimientos más trascendentales que han existido en la historia de la humanidad, no sólo tuvo influencia inmediata sobre el continente europeo, sino sobre el mundo entero. Así es como hoy podemos hablar de ideales como la libertad e igualdad, no sólo en el ámbito de las relaciones sociales, sino en el que más que nunca nos interesa: la educación.
Dentro de este contexto, Condorcet fungió como el principal defensor de la instrucción pública y la educación nacional, dos conceptos que claramente diferenciaba según la misión que cada una debía de cumplir, pero sobre todo, de las personas a las cuales estaba dirigida. La instrucción debería de estar encaminada a brindar los conocimientos y la formación necesaria las nuevas generaciones, con el objetivo de que tuvieran la capacidad necesaria para usar de manera autónoma un pensamiento libre y crítico, asimismo, que pudieran ejercer plenamente sus derechos y obligaciones dentro de la sociedad. Por su parte, la educación nacional, estaba dirigida a “hacer algo nuevo con lo viejo”, es decir, a formar ciudadanos conscientes de la realidad en la que estaban inmersos, hombres nuevos racionales y autónomos.
Dentro de todos los aspectos que Condorcet propuso para poder lograr el cambio radical utilizando como instrumento potencial a la educación, quiero rescatar dos que me parecen sobresalientes y sobre los cuales de manera posterior haré una interpretación muy particular.
Primero que nada, puedo hablar de tipo de instrucción que proponía el autor referido, ésta debía ser liberadora, democrática, en el sentido de que estaría al servicio de la masa popular y ya no como privilegio de unos cuantos; universal, gratuita, laica, igualitaria, pública, general y extensa. Como segundo punto, rescataré que el papel fundamental del maestro fue el de instruir a los niños (enseñarles a leer, escribir, contar, etc.), así como el de dar información continua a los adultos (en lo que respecta a la Constitución y las leyes), ya que el propósito fundamental era el de consagrar los objetivos e ideales propios de la ilustración.
Dentro del primer aspecto, lamentablemente lo que puedo resaltar es que en nuestro país estos principios educativos se quedan en el mero terreno de la teoría, como dicen por ahí: “Son letras muertas”, en otras palabras, en la vida práctica no se llevan a cabo; nadie puede asegurar que la educación en nuestro país es igualitaria, gratuita ni mucho menos laica. Esto lo podemos observar porque precisamente son los maestros, en el contexto concreto del aula, los que no comienzan por hacer valer dichas cualidades, no hacen presente la igualdad en el salón de clases, al no ofrecer las mismas oportunidades de atención, de trato y educación a los alumnos. Todo mundo suele decir que dentro de la escuela se respeta la religión de cada alumno, sus propias creencias, cuando existen docentes que todavía juzgan y/o obligan a los niños a realizar actos cívicos y participar en diversos programas socio-culturales que atentan contra las propias costumbres de éste; o peor aún, cuando astutamente inmiscuyen temas religiosos al abordar los contenidos escolares.
Para finalizar, respecto al papel del maestro que ya comenté, éste no es cumplido de manera liberadora como se propuso desde años atrás, lo que la mayoría de los maestros han hecho y siguen haciendo es brindar los conocimientos (necesarios o no), pero sin pretender que éstos le sirvan al alumno para poder desenvolverse en su vida cotidiana, para que se formen como sujetos con autonomía y capaces de criticar y discriminar la información que reciben, así como los actos en los que se ven inmersos. Por eso considero que el gran reto de los maestros es lograr que el alumno razone, critique y pueda ser libre para elegir lo mejor, todo con el propósito de contribuir al “progreso de su espíritu humano”.
Dentro de este contexto, Condorcet fungió como el principal defensor de la instrucción pública y la educación nacional, dos conceptos que claramente diferenciaba según la misión que cada una debía de cumplir, pero sobre todo, de las personas a las cuales estaba dirigida. La instrucción debería de estar encaminada a brindar los conocimientos y la formación necesaria las nuevas generaciones, con el objetivo de que tuvieran la capacidad necesaria para usar de manera autónoma un pensamiento libre y crítico, asimismo, que pudieran ejercer plenamente sus derechos y obligaciones dentro de la sociedad. Por su parte, la educación nacional, estaba dirigida a “hacer algo nuevo con lo viejo”, es decir, a formar ciudadanos conscientes de la realidad en la que estaban inmersos, hombres nuevos racionales y autónomos.
Dentro de todos los aspectos que Condorcet propuso para poder lograr el cambio radical utilizando como instrumento potencial a la educación, quiero rescatar dos que me parecen sobresalientes y sobre los cuales de manera posterior haré una interpretación muy particular.
Primero que nada, puedo hablar de tipo de instrucción que proponía el autor referido, ésta debía ser liberadora, democrática, en el sentido de que estaría al servicio de la masa popular y ya no como privilegio de unos cuantos; universal, gratuita, laica, igualitaria, pública, general y extensa. Como segundo punto, rescataré que el papel fundamental del maestro fue el de instruir a los niños (enseñarles a leer, escribir, contar, etc.), así como el de dar información continua a los adultos (en lo que respecta a la Constitución y las leyes), ya que el propósito fundamental era el de consagrar los objetivos e ideales propios de la ilustración.
Dentro del primer aspecto, lamentablemente lo que puedo resaltar es que en nuestro país estos principios educativos se quedan en el mero terreno de la teoría, como dicen por ahí: “Son letras muertas”, en otras palabras, en la vida práctica no se llevan a cabo; nadie puede asegurar que la educación en nuestro país es igualitaria, gratuita ni mucho menos laica. Esto lo podemos observar porque precisamente son los maestros, en el contexto concreto del aula, los que no comienzan por hacer valer dichas cualidades, no hacen presente la igualdad en el salón de clases, al no ofrecer las mismas oportunidades de atención, de trato y educación a los alumnos. Todo mundo suele decir que dentro de la escuela se respeta la religión de cada alumno, sus propias creencias, cuando existen docentes que todavía juzgan y/o obligan a los niños a realizar actos cívicos y participar en diversos programas socio-culturales que atentan contra las propias costumbres de éste; o peor aún, cuando astutamente inmiscuyen temas religiosos al abordar los contenidos escolares.
Para finalizar, respecto al papel del maestro que ya comenté, éste no es cumplido de manera liberadora como se propuso desde años atrás, lo que la mayoría de los maestros han hecho y siguen haciendo es brindar los conocimientos (necesarios o no), pero sin pretender que éstos le sirvan al alumno para poder desenvolverse en su vida cotidiana, para que se formen como sujetos con autonomía y capaces de criticar y discriminar la información que reciben, así como los actos en los que se ven inmersos. Por eso considero que el gran reto de los maestros es lograr que el alumno razone, critique y pueda ser libre para elegir lo mejor, todo con el propósito de contribuir al “progreso de su espíritu humano”.
Hola Hernandez: felicidades pro tu texto muy interesante, en tu textos dejas ver que rescatas las ideas que consideras relevantes como: las aportaciones históricas que le ofrece la revolución Francesa al mundo, los conceptos y diferencias entre instrucción y educación desde la propuesta de Condorcet, además de la importancia de la función del maestro en la aplicación de los dos conceptos mencionados. Sin embargo lo que más atrajo mi atención fue el último párrafo donde desarrollas un análisis de las aportaciones de Condorcet y la realidad a la que nos enfrentamos en México en materia de educación.
ResponderEliminarBien, como siguiente actividad te recomiendo volver a leer los tres textos de la antología y organices las ideas en un cuadro de cuatro columnas en torno a cuatro aspectos: Contexto histórico, Educación, Docencia y Escuela.
saludos.
La verdad sí tienes mucha razón al decir que la Revolución Francesa no sólo tuvo repercusión sobre del propio territorio de dicho país y continente, sino que este acontecimiento tuvo y hasta sigue teniendo una repercusión sobre nuestro país y el mundo entero... respecto a la analogía que haces de la teoría-práctica en el contexto educativo que ya tuvimos oportundad de conocer y vivir en carne propia, indudablemente el maestro es quien juega el papel-quizá mas importante- para hacer realidad todo lo que los pensadores como Condorcet lucharon por conseguir y que de esta forma no se queden sólo en "letras muertas" como las llamas...me parece apropiado tu texto y muy coherente con la realidad que estamos viviendo.. Felicidades! saluditos amigaaa...
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